Por Irma Duarte

Los clásicos monstruos del horror cinematográfico siempre han estado presente en cartelera, aunque, tal vez algunos con más frecuencia que otros (léase, Drácula y Frankenstein); orillando a algunas de las figuras más interesantes a los costados. Entre éstas, existe la Momia, quién había sido relegada a algunas cuantas películas de acción que cesaron en 2008. Sin embargo, todo el éxito de éstas no aseguró que esta icónica figura egipcia tuviera la misma presencia en la cartelera que sus otros monstruosos compañeros, pues después de la última entrega de esta saga fueron escasas las películas que marcaron el retorno al cine de la momia. Esto a su vez, creó un vacío que los fans de la figura buscaban llenar con que ésta regresara al género de horror que la vio nacer.
Es por eso que cuando fue anunciada la nueva versión de la momia y bajo el mando de Lee Cronin, que se generó un montón de anticipación y emoción por ver a este icónico monstruo volver a sus orígenes. Lamentablemente, cómo en muchas cosas en la vida e, irónicamente, como los personajes de la película aprenden, el retorno esperado de algo no siempre es lo mejor.
En “Lee Cronin’s The Mummy” (ojo, que el nombre del director en el título debió ser un indicio de todo) viajamos a Cairo junto con una familia feliz conformada por Charlie y Larissa y sus hijos Katie y Sebastian (además de una niña que en ese momento se encuentra en el vientre de su madre). Nos unimos a su historia en el momento en el que Charlie, un corresponsal de noticias, recibe una oferta de trabajo con la invitación de mudarse a Nueva York para finalmente vivir su sueño profesional. Sin embargo, nada de esto se haría realidad, pues ese mismo día su hija Katie, sería secuestrada por una figura misteriosa. A ocho años de su desaparición, la familia ya está de regreso en Estados Unidos, viviendo tanto con la abuela de los niños como con el fantasma de Katie.
Todo pareciera ser una historia de un duelo no resuelto hasta que reciben una llamada que les informa que su hija apareció viva dentro de un sarcófago, dando pauta a que iniciara así la verdadera pesadilla de la familia.

La obra de Cronin es una que a grandes rasgos regresa a dónde comenzó esta icónica figura. Sin embargo, es poco lo que logra proponer más allá de este retorno a su orígenes. Narrativamente, no es más que la clásica historia de una grotesca posesión de un niño; estilísticamente, no hace más que exponer el deseo de Cronin de mejor haber hecho otra película en la franquicia de “Evil Dead”. Y es que, son tantas las split diometer shots, los callbacks a los deadites hasta a los recursos técnicos de la franquicia de Raimi que acaba uno por cansarse y pensar por qué no simplemente dijeron que los deadites originaron de Egipto. Por si fuera poco, la estructura de la historia en ambas películas es la misma: una maldición que se va esparciendo por la familia, excepto, que esta familia no tiene el mismo trágico (y grotesco) final que la de “Evil Dead Rise».
Asimismo, el famoso gore y voluntad por explorar lo grotesco que parecía caracterizar a Cronin se queda bastante limitado: empieza muy bien pero alcanza su pico con una escena con un corta uñas muy al principio de la película. Después de este momento, la cinta se contiene mucho y se sobre extiende en explicar la trama al punto que llega a sentirse muy cansado además de notorias las dos largas horas que dura la película.
Es realmente sorprendente que este haya sido el resultado final de la versión de Cronin de la momia, o bueno, lo es para aquellos que ignoraron los rumores que rodearon la producción de esta cinta. No sería justo para el director no mencionar lo notorio que se siente en el corte la lucha creativa que seguramente se estableció detrás de escenas: la búsqueda del balance entre innovar y asegurar que aquello que le funcionó al director en otras cintas, se repitiera (y por ende, fuera redituable). Es triste que otra película que estaba llena de promesas caiga en la eterna lucha de sofocar una propuesta para asegurar el éxito – aunque, tal vez este catastrófico resultado impulse a los grandes estudios a volver a tomar riesgos con las visiones de sus creativos.
Ahora bien, no todo es malo en “Lee Cronin’s The Mummy”: hay vistazos que aseguran que existe una versión interesante escondida entre cortes que no se hicieron y tomas que tampoco se debieron de haber agregado (que tal vez salga a la luz en algún corte alterno).
Entre otros elementos dignos de reconocer, existe el diseño del personaje de la Momia: éste es grotesco y nos remite a lo que fue Regan en “El Exorcista”. Por otro lado, la actuación dada por May Calamawy como la detective que ayuda a encontrar a Katie, y de Hayat Kamille, quién es quién maldice a Katie, son las mejores de todo el elenco.
Finalmente, si bien hay mucho más que podría decirse y castigar de “Lee Cronin’s The Mummy”, realmente todo se resume en que es una película que nos enseña la misma lección que aprendió la familia de Katie: a veces está bien que las cosas no regresen a nuestras vidas (o al menos, no si no están bien hechas o poseídas con los espíritus incorrectos).


