Por: Irma Duarte
⚠️ SPOILERS ⚠️
Resident Evil se caracteriza por ser una franquicia longeva, locamente amada por sus fans y que lamentablemente, ha tenido problemas en sus adaptaciones cinematográficas.
Si bien, éstas nunca son del todo “malas”, rara vez es la ocasión que son adoradas universalmente por sus seguidores. Se ha teorizado mucho si es por el apego que éstos tienen a los protagonistas del videojuego, por los límites naturales de una película a comparación de la exploración interactiva o si en serio es por un mal entendimiento de la historia. Las opiniones son muy divididas e incluso en un fandom tan vasto, es raro encontrar a muchos que compartan la misma opinión. Sin embargo, a raíz de que Zach Cregger, director de Weapons y Barbarian, anunciara que haría una película dentro de este universo, se logró algo que hace mucho no pasaba: interés y fé de todos los fanáticos por ver qué es lo que haría.

La película toma lugar en el clásico universo de Resident Evil, pero lejos de los ya conocidos personajes. Cregger tomó esta decisión queriendo enfocarse en el aspecto de sobrevivencia del juego. La premisa de la película es sencilla: Brian (Abrams), un repartidor, debe de hacer una entrega al hospital general de Raccoon City. El problema, es que debe hacerlo mientras el brote de infectados está comenzando. De este modo, se logra la esencia de, ¿qué pasaría si una persona cualquiera, sin las habilidades expertas de un protagonista de videojuego, se encuentra en esta situación?
El resultado es una película de 90 minutos, llena de adrenalina, acción y momentos sumamente grotescos. Obviamente, todo acompañado del ya clásico humor de Cregger. “Resident Evil” logra dejar de ser una calca más de la historia del juego o una iteración de ésta. Nos aleja de los super protagonistas y nos entrega a Brian, el desafortunado estelar que no tiene más que su instinto primitivo de sobrevivir de su lado. La simple naturaleza de esta historia y de Brian, hace que haya momentos sumamente graciosos, mismos que a su vez permiten una exploración técnica y estética en la cinta. Todo esto desembocaen una identidad fílmica única que fascinará a los que crecieron amando jugar los títulos que inspiraron este universo.

Cregger logra hacer su propia iteración de Resident Evil sin perderse en las fallas de otras cintas (el eterno debate de: ¿qué tanto se calca y qué tanto innova uno?). Si bien, hay una temática muy latente explorada con el protagonista y los monstruos que se enfrenta, acerca de la paternidad y del deseo detrás de querer traer vida a este mundo, la reflexión se siente integrada a la historia. Además de que también brinda un poco de luz a la pregunta que el director norteamericano no quiso responder acerca de qué idea exploraba con esta nueva película.
Dejando de lado la historia del filme, la adaptación técnica de ésta de la cámara es sumamente refrescante. Logra capturar la esencia de ésta en los videojuegos – una que cada usuario controla y que tiende a brincar entre primera y tercera persona – a pantalla, dónde sólo vemos lo que el director quiere. Ésto se logra con emplazamientos y movimientos que remiten al juego, algunos más sutiles (léase, la escena del coche cuando Brian espejea para saber qué hacer o en la casa cuando está recién entrando), y otros más clásicos (el POV de Brian con el arma a cuadro). Esto termina por ser un brinco entre pantallas que rara vez se logra: traducir el lenguaje técnico de los videojuegos al lenguaje cinematográfico. Quizá con esto se establezcan las bases de un lenguaje técnico propio de estas adaptaciones.
Por otro lado, la estética está sumamente cuidada: los colores siempre se apegan a la misma paleta de color, haciendo que resalte la sangre cuando ésta aparece. Los escenarios de la historia también se sienten orgánicos al universo: una casa, un túnel y obviamente, las calles, drenaje y hospital de Raccoon City. En éstos, también hay referencias más directas a los juegos, apareciendo algunos clásicos elementos que emocionan a las audiencias sin ser tan estorbosos como un cameo de una película de superhéroes. Los efectos, además, son hechos casi en su mayoría de manera práctica, resultando en grandes criaturas (en serio, el puppet de la alcantarilla pesa casi 1000 kg) con finales grotescos.

Ahora bien, la historia, efectos, escenarios y todo el cúmulo de logros técnicos, no serían lo mismo sin un gran protagonista para liderar la historia. En esta ocasión, Austin Abrams carga con el peso de ser quién tiene que comunicar la experiencia de estar atrapado en uno de los peores días laborables en la historia de Raccoon City. Si bien, su personaje no es perfecto, transmite con mucha naturalidad lo que es ser un cualquiera, intentando hacer lo mejor que puede, mientras acepta las nulas probabilidades que tiene de sobrevivir la noche. Abrams inyecta al personaje una fuerte dosis de humor, de humanidad y, francamente, de valentía. Su personaje logra regresar la historia a algo que muchos nos planteamos, ¿qué haría yo en esa situación? Dando el resultado que muchos especulamos también tendríamos.
Independiente del destino del protagonista, hay secuencias inolvidables: desde el coche adentrándose a la oscuridad como presagio del resto de la noche, hasta Brian corriendo mientras miles de cuerpos caen a su lado. Es un deleite visual ver lo que se logró con esta cinta. Si bien, como con todas las adaptaciones anteriores, habrá quién la señalará por no tener lo que ellos consideran que una película de Resident Evil necesite (exacto, a nuestro hermoso guerito y protagonistas vestidas de rojo), habrá muchos más que admirarán los grandiosos y sangrientos 90 minutos que terminan por ser la cinta.

Finalmente, la experiencia que Cregger quería, de explorar lo que es la naturaleza de sobrevivir, se traduce muy bien en su película. En todo momento uno entiende lo horrible que sería estar atrapado en un juego de Resident Evil sin las súper habilidades de nuestros personajes favoritos: entendemos la vida de muchos que sufrieron dentro de este universo, que por la avaricia corporativa de Umbrella, terminaron por convertirse en un infectado que posteriormente sería el blanco de mucho plomo del arma de algún super soldado. Cregger logra un buen balance entre humor, lo grotesco y francamente – lo espeluznante (hay varios jumpscares que acercan a uno al techo del cine del brinco tan fuerte que se da). Va a ser una cinta que, seguramente generará polémica entre los fanáticos, pero si no lo hiciera, no sería una película de Resident Evil.


